Para concluir con los conceptos que hemos estado viendo estos días en relación al etiquetado social y resumiendo el porqué debe importarnos la descripción de los objetos (sean de la naturaleza que sean (textos, imágenes, vídeos…) debemos analizar los beneficios y posibles usos de la clasificación social por medio de tags, que aunque no son la panacea, presentan numerosos beneficios frente a la clasificación controlada y ofrecen grandes posibilidades a la recuperación de información.
El etiquetado social:
- Crea relaciones de semejanza, permitiendo navegar por etiquetas relacionadas, bucear por las intersecciones de tags saltando de una etiqueta a otra.
- Estudiando las tags podemos conocer como va evolucionado el idioma y cómo se van incorporando nuevos términos a la lengua (ej. podcasting, moboblog).
- Potencia las relacionales sociales, la conciencia de grupo, sentido de comunidad y trabajo colaborativo: etiqueto para mi pero también para que ayude a la recuperación de información por otros usuarios
- Contribuye a desarrollar la web semántica, facilitando múltiples sinónimos derivados de las tags que construyen un vocabulario emergente del usuario común, que facilité las estrategías de búsqueda en sus consultas a los motores de búsqueda. Combinando las diferentes tags que presenta un recurso (en teoría sinónimos), tenemos la base para construir una red semántica (con las palabras mas relevantes, menos relevantes, etc pero que proporcionan alternativas) que contribuya a la comprensión semántica de la comunidad.
Y es una realidad, la Web está llena de tags y tanto las tags-blogging (las tags aplicadas a los post a modo de palabras clave que ayudan al autor del blog a clasisicar las entradas que va publicando) como las tags-folksonomy (palabras clave que se desprenden de las descripciones echas por los usuarios de los sistemas de etiquetado social como Del.icio.us, Flickr y YouTube, inciden activamente en la búsqueda y recuperación de información, añadiendo al contenido una importante carga semántica, y proporcionándonos nuevas formas de “buscar” (los sistemas de software social acumulan ya un importante volumen de información filtrada y analizada por humanos, que de manera gratuita realizan una personal minería de datos) y de “encontrar” (descubriendo entre las tags asignadas por otros y las tags clouds, o colecciones de recursos de los usuarios, importantes hallazgos para nuestras áreas de interés).
Por tanto, el etiquetado social funciona y nos interesa porque:
- Somos creadores y consumidores: contribuímos y nos beneficiamos del tagging
- Reflejan el vocabulario de la gente
- Son un atajo (de abajo a arriba) hacia las categorías
- Favorece la navegación y propone otras maneras de búsqueda: serendipiti, ojeo
Una frase de José Luís Orihuela resume a la perfección la esencia de estos sistemas:
Cuando las personas trabajando en red (lo social) asignamos descriptores (las etiquetas) al contenido (lo semántico) de las historias en los blogs (Technorati tags), a las fotografías (Flickr tags), a los favoritos o bookmarks (del.icio.us, iFavoritos), o a las listas de tareas (43 Things), entonces estamos contribuyendo a dotar de valor semántico a la información disponible en línea.
Si en nuestras más añejas mercerías llevan años y años etiquetando botones por colores, tamaños y material… Y es que acaso al ser humano no le encanta clasificar y etiquetar todo aquello que tiene a su alcance??? ¿No nos pasamos el día encasillando en un tag y en otro a nuestros congéneres?

No dejeis de leer la aportación de Jorge Serrano en Thinkepi sobre Tags, Folksonomies y bibliotecas



