Web social para profesionales de la información (2008)

Resistencias a la web 2.0

Razones para no cambiar
Los bibliotecarios siempre hemos sabido adaptarnos al cambio. En los últimos 25 años hemos pasado de recrearnos en la perfecta simetría de los encabezamientos de las fichas de los catálogos manuales, a automatizar todos nuestros procesos y servicios perdiéndole el cariño a la ficha manual, para llegar ahora a una nueva fase en la que se nos pide que incorporemos nuevas habilidades y herramientas propias de otras generaciones y al usuario como colaborador y en torno al cual gire toda la biblioteca.
Existen muchas razones para no cambiar, algunas de ellas se reflejan en la imagen que ilustra este mensaje: no es mi trabajo, no son lo suficientemente serias, siempre se ha hecho así, y quizás la más frustrante “¿y si morimos de éxito?”. En todas estas respuestas se constata la falta de visión del beneficio que puede aportar la web social.
Junto a este tipo de resistencias más o menos fundadas, encontramos también toda una serie de críticas a la web 2.0, planteadas desde sus inicios y por expertos internacionales: “Está de moda criticar” que añadiría Didac Margaix. En un intento por sistematizarlas, podemos aportar esta clasificación:

  1. Aquellas que se refieren a lo inapropiado del nombre, la famosa etiqueta que pretende introducirnos en una nueva versión de la web, cuando la mayoría de las tecnologías y aplicaciones en las que se basa no son nuevas, sino inventadas y utilizadas hace ya algunos años y, que por otro lado, representan tan solo una evolución natural de la web que usará otras tecnologías pasados X años. Podemos argumentar que las etiquetas, y ésta es una de ellas, son una convención que nos ayuda a delimitar campos semánticos, y nos facilitan el saber sobre qué estamos hablando, y en este sentido utilizamos la 2.0. Pero además se trata de un conjunto de tecnologías y herramientas que han puesto la posibilidad de crear contenidos, participar y compartir a través de la red, al alcance de cualquiera y como nunca antes había sido posible. Y este aspecto si es novedoso y bien merece un nombre que lo identifique.
  2. Aquellas otras que atacan los principios de la filosofía web 2.0: En este sentido podemos citar el libro de Andrew Keen: “El grito de Keen es que todos esos aficionados de Internet se están cargando nuestra cultura, y así lo expone en un libro que está abriendo heridas por donde pasa: The cult of the amateur” (ABC las artes y las letras). Podemos argumentar antes estas críticas a la falta de control y rigor de los contenidos, que todo tipo de información que nos llegue en nuestras vidas hay que sopesarla con espíritu crítico y mecanismos adecuados de evaluación. Lo que ahora encontramos en la web 2.0 y antes en la web 1.0 no dejan de ser un claro reflejo de la vida real.
  3. Aquellos que se muestran escépticos con algunas de las ideas recurrentes de la web 2.0: el mito democrático de la participación (cuando la realidad es que el público que realmente participa en la red es escaso), el mito de los nuevos negocios mediáticos o el triunfo de los pequeños (será imposible conocer nuevos proyectos, ideas y desarrollos que gente innovadora pone en marcha si no es publicado en algún blog o periódico con una audiencia destacada).
  4. Argumentos en defensa de la privacidad: la “sospecha” sobre las buenas intenciones de la web 2.0: ¿que pasara con ese aumento incesante de la información personal que volcamos a la red y la difusión de nuestra identidad en espacios fracturados (sitios y redes sociales)?, ¿el emergente poder de la vigilancia participativa?, ¿la explotación comercial de los datos aportados gratuitamente por los usuarios?. En este sentido creo que estos últimos tipos de críticas son muy constructivas y merecen una lectura y reflexión sosegada, un replanteamiento de las certidumbres, que nos permitan posicionarnos conscientemente en el campo de juego y confiar, con la esperanza puesta en la juventud y en sus nuevos comportamientos en las redes sociales.

Para ampliar este último aspecto crítico recomiendo la lectura del número monográfico “Critical perspectives on web 2.0 “, First Monday, volume 13, number 3, march 2008.

Y una pregunta en el aire, ¿cuáles son vuestras reticencias a la web 2.0?

62 Comentarios